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viernes, 18 noviembre 2022 11:09
Experiencias adversas en la infancia y el diagnóstico de trastorno mental grave
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados , Guías, documentos técnicos e informes
Etiquetas: trastorno mental grave (tmg) , enfermedad mental , divulgación , familiares y cuidadores , juventud
Sheila Peinado Espí es psicóloga especializada en migraciones y estudiante del Máster en Psicología General Sanitaria en la Universitat de València. Hasta el momento, ha compaginado su formación realizando prácticas en el Creap y trabajando en un centro especializado en salud mental. Su enfoque profesional integra la práctica clínica, la intervención social y la investigación, áreas que considera esenciales para ofrecer un acompañamiento integral y personalizado a cada persona en su proceso terapéutico. Experiencias adversas en la infancia y el diagnóstico de TMG Las experiencias adversas durante la infancia son sumamente importantes para tener en cuenta, ya que se ha demostrado que tiene repercusiones directas en la edad adulta (Maza, 2024). Por tanto, la violencia asume un papel relevante en el desarrollo de un TMG, siendo un factor de riesgo que aumenta las probabilidades de sufrir cualquier dolencia relacionada con la salud mental. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las afecciones en salud mental están influidas por diversos factores biológicos, químicos, sociales y psicológicos, por lo que las experiencias adversas y la violencia, ejercen su influencia directamente en los factores de riesgo. En base a esto, cualquier tipo de experiencia adversa sufrida durante la infancia, se va a manifestar en la adultez de forma muy diversa como autolisis, depresión, consumo de sustancias, etc. (Maza, 2024). Sufrir experiencias traumáticas durante la infancia, siendo víctimas de violencia física, psicológica o sexual, o incluso ser testigos de violencia en la infancia, incrementa el riesgo de desarrollar TMG (Bartolomé et al., 2023). De hecho, estos mismos autores indican que cualquier tipo de violencia en la infancia, se ha relacionado con un diagnóstico temprano de esquizofrenia y mayores ingresos hospitalarios. En esta línea, la violencia cobra un papel relevante en el desarrollo y transcurso de la salud mental. Además, el estigma social que se crea cuando la sociedad conoce que alguien tiene una etiqueta en salud mental, convierte a la persona en vulnerable y fácilmente atacable. Es decir, la sociedad victimiza en exceso a una persona con TMG, basándose solamente en la etiqueta y no viendo más allá. ¿Qué es la victimización? La victimización tiene una connotación legal, ya que ocurre tras ser víctima de un delito o un hecho traumático y hace referencia al tiempo que trascurre hasta que se incorpora como una vivencia más de la persona. Durante ese tiempo, se incluyen diversos factores sociales, psicológicos, económicos, etc. que influyen en el trascurso normal de la vida diaria de una persona y pueden causar malestar significativo. En este sentido, el momento en el que diagnostican el trastorno a una persona, comienza un proceso de adaptación y cambio en la vida diaria de esa persona. Este proceso puede llevar consigo una victimización de la sociedad y de la familia que rodean a la persona. Es en esta mirada de la sociedad, cuando puede volver a aparecer la violencia, convirtiendo a la persona en vulnerable. Al convertir en víctima a una persona que está diagnosticada con un trastorno mental, hace que la sociedad piense que tiene menos capacidades y habilidades, y por tanto ser diana de cualquier tipo de agresión. Es interesante destacar los numerosos estudios en este aspecto dirigidos a un género específico, las mujeres, que sufren la violencia antes del diagnóstico y durante, debido a grandes desigualdades en otros aspectos de la vida en general (Lamelaset al., 2022), algo que la evidencia científica remarca de forma significativa. Conclusión La evidencia científica seguirá estudiando la relación existente entre todos los factores de riesgo y la salud mental, hasta clarificar la posible correlación existente y cómo prevenirla. Con respecto a las personas que ya les han diagnosticado de TMG, las mujeres presentan 13 veces más de probabilidades de sufrir victimización sexual a lo largo de sus vidas (Bartolomé et al., 2023). En este sentido, el género sumado al estigma social asociado a la etiqueta de TMG, hace que las mujeres sean más vulnerables a sufrir cualquier tipo de violencia antes, durante y tras el diagnóstico. La violencia, en cualquiera de sus formas, durante la infancia y adolescencia, aumenta la probabilidad de sufrir ansiedad y depresión, y así lo validan diversos estudios científicos recientes (Ocampo et al., 2021). En resumen, la prevención de la violencia cumple un papel primordial en el cuidado de la salud mental. Existe gran ausencia de información sobre la violencia o experiencias adversas, debido a que los estudios no se centran en los trastornos en general, sino que se centran en grupos concretos. Esto hace que sea difícil crear políticas que realmente protejan y cubran las necesidades de las personas con TMG. Referencias bibliográficas Bartolomé-Valenzuela, M., Pereda, N., y Guilera, G. (2023). Prevalencia de experiencias adversas y victimización en personas adultas con trastorno mental grave en Barcelona. Gaceta Sanitaria, 37, 102314. Maza Jiménez, K. (2024). Exposición a las experiencias adversas en la infancia y su relación con los trastornos mentales en la adultez. Lamelas, V. S., Maurel, B. L.,Peñaranda, M., de la Torre, L., Gresle, A. S., y Pinazo, M. J. (2022). Derechos sexuales y reproductivos en mujeres con diagnóstico de trastorno mental grave: argumentos y consensos de profesionales en salud mental comunitaria. Anuario de Psicología/The UB Journal of Psychology, 52(1). Ocampo, D. B., Palos, P. A., y González, A. G. (2021). Depresión y ansiedad en hombres y mujeres por tipo y nivel de violencia que han recibido de su pareja. Universitas Psychologica, 20, 1-14.
viernes, 07 marzo 2025 09:48
La terapia multifamiliar en la Depresión Difícil de Tratar: una estrategia innovadora e integradora
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados , Guías, documentos técnicos e informes
Etiquetas: enfermedad mental , divulgación , familiares y cuidadores
Autor: Walter Paganin. Psiquiatra, psicoterapeuta y Doctor en Neurociencias por la Universidad de Roma Tor Vergata. Especialista en el estudio y tratamiento de la Depresión Difícil de Tratar (DDT), compagina su práctica clínica en Italia con la investigación en enfoques terapéuticos innovadores. Ha publicado numerosos artículos en el ámbito de la psiquiatría y promueve intervenciones integradoras, como la terapia multifamiliar, para mejorar la calidad de vida de los pacientes. Este artículo está basado en el artículo «Multifamily therapy in difficult-to-treat depression: an integrated and promising approach to rethinking clinical strategies», que el autor ha publicado recientemente y disponible en: Frontiers in Psychiatry. Introducción: Un nuevo paradigma en el tratamiento de la depresión En los últimos años, el concepto de Depresión Difícil de Tratar (DDT) ha ganado protagonismo como una entidad clínica que requiere un enfoque terapéutico multidimensional. A diferencia de la Depresión Resistente al Tratamiento (DRT), que se define principalmente por la falta de respuesta a los tratamientos farmacológicos estándar, la DDT abarca una perspectiva más amplia. En ella, se reconocen múltiples factores que interfieren en el curso del trastorno depresivo, como la presencia de comorbilidades psiquiátricas y médicas, la historia de trauma infantil, la variabilidad sintomática (especialmente anhedonia y ansiedad), el abuso de sustancias y la falta de adherencia terapéutica (McHalliston 2020). Dado su carácter multifactorial, la DDT requiere un modelo de intervención que vaya más allá del tratamiento farmacológico convencional. En este contexto, la terapia multifamiliar (TMF) emerge como una estrategia prometedora, integrando a las familias en el proceso terapéutico y fomentando una mayor adherencia al tratamiento, así como un entorno favorable para la recuperación (Paganin, 2024). La terapia multifamiliar en la Depresión Difícil de Tratar (DDT): un enfoque integrador La TMF es un modelo de intervención en el que pacientes y familiares de distintas familias participan en sesiones grupales dirigidas por profesionales de la salud mental. Estas sesiones promueven la expresión emocional, el aprendizaje de estrategias de afrontamiento y el apoyo mutuo, creando un espacio terapéutico dinámico y enriquecedor (Paganin, 2024). El uso de TMF en la DDT se basa en varios principios fundamentales: Mejorar la adherencia al tratamiento: Al involucrar a la familia, se refuerza el compromiso del paciente con su proceso terapéutico. Reducir las tasas de recaída: La red de apoyo establecida en la TMF ayuda a prevenir episodios depresivos recurrentes. Favorecer la regulación emocional y el funcionamiento social:La interacción con otras familias permite a los pacientes mejorar sus habilidades sociales y fortalecer su capacidad de afrontamiento. Abordar el trauma infantil y las comorbilidades psiquiátricas: La TMF proporciona un espacio seguro para explorar experiencias traumáticas y trabajar en estrategias terapéuticas adaptadas a cada individuo. Diferentes estudios han demostrado la eficacia de la TMF en pacientes con trastornos depresivos severos y comorbilidades asociadas, mostrando beneficios tanto a nivel sintomático como en la calidad de vida del paciente y su entorno (Migerode et al., 2005; Katsuki et al., 2018). Fundamentos y evolución de la terapia multifamiliar El concepto de TMF tiene raíces históricas en los trabajos de Peter Laqueur en América del Norte y Jorge García Badaracco en Argentina. Mientras que Laqueur desarrolló la TMF desde una perspectiva sistémica, Badaracco introdujo el concepto de psicoanálisis multifamiliar, integrando elementos del psicoanálisis en la dinámica de grupo (Sempere & Fuenzalida, 2017). Hoy en día, la TMF ha evolucionado incorporando enfoques provenientes de diversas corrientes terapéuticas, incluyendo: Cognitivo-conductual: Se centra en la reestructuración de pensamientos disfuncionales. Psicoeducativo: Proporciona información sobre la enfermedad y estrategias de afrontamiento. Psicodramático: Permite la exploración de conflictos a través de la representación escénica. Gestáltico y sistémico: Enfatiza la importancia de la interacción entre los miembros del grupo y su entorno. La heterogeneidad en la composición de los grupos en TMF favorece un intercambio de experiencias enriquecedor, facilitando el desarrollo de nuevos patrones de interacción tanto a nivel intrafamiliar como intergeneracional (Paganin, 2024). Discusión y perspectivas futuras La inclusión de la TMF en el tratamiento de la DDT representa una evolución en la manera en que abordamos la depresión. Tradicionalmente, el énfasis terapéutico se ha puesto en la respuesta farmacológica; sin embargo, en la DDT es fundamental adoptar un enfoque más holístico que tenga en cuenta los factores psicosociales que influyen en la enfermedad. A pesar de su potencial, la implementación de la TMF en la práctica clínica todavía enfrenta desafíos: La falta de estudios clínicos a gran escala que permitan consolidar su eficacia en la DDT. La necesidad de formación especializada para los terapeutas que aplican este modelo. La adaptación de la TMF a diferentes contextos culturales y socioeconómicos. Futuras investigaciones podrían centrarse en evaluar los efectos de la TMF a largo plazo mediante estudios longitudinales y técnicas de neuroimagen, con el objetivo de comprender mejor los mecanismos de cambio terapéutico en estos pacientes (Paganin, 2024). Conclusión La terapia multifamiliar se posiciona como una estrategia terapéutica innovadora y altamente prometedora en la Depresión Difícil de Tratar. Su capacidad para involucrar a la familia en el proceso terapéutico no solo favorece una mejor adherencia al tratamiento, sino que también contribuye a la creación de un entorno emocionalmente saludable que facilita la recuperación del paciente. A medida que la investigación en este campo avanza, es crucial consolidar protocolos de aplicación y fortalecer la evidencia científica que respalde la integración de la TMF en el manejo de la DDT. Este enfoque multidisciplinario representa un paso adelante en la comprensión y tratamiento de la depresión, brindando nuevas oportunidades terapéuticas tanto para pacientes como para sus familias. Referencias: Katsuki, F. et al. (2018). Brief multifamily Psychoeducation for family members of patients with chronic major depression: a randomized controlled trial. BMC Psychiatry, 18, 207. McAllister-Williams RH, Arango C, Blier P, Demyttenaere K, Falkai P, Gorwood P, et al. The identification, assessment and management of difficult-to-treat depression: An international consensus statement. J Affect Disord. (2020) 267:264–82. Migerode, L. et al. (2005). Groupes de discussion de jeunes adultes dépressifs hospitalisés avec leurs familles. Thérapie Familialet, 26, 365. Paganin, W. (2024). Multifamily therapy in difficult-to-treat depression: an integrated and promising approach to rethinking clinical strategies. Front. Psychiatry, 15:1484440. Sempere J, Fuenzalida C. Terapias multifamiliares: El modelo interfamiliar: la terapia hecha entre todos. Editorial Psimatica (2017).
jueves, 27 febrero 2025 18:04
De la experiencia psicosocial a la realidad psicosocial
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados
Etiquetas: salud mental , investigación , rehabilitación psicosocial , divulgación
REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Autores: Alfonso Barros Loscertales. Dpto. Psicología Básica, Clínica y Psicobiología. Universitat Jaume I. María Ángeles Ruipérez Rodríguez. Creadora del Máster Universitario en Rehabilitación Psicosocial en Salud Mental Comunitaria de la Universitat Jaume I. Actualmente jubilada. Carlos Rebolleda Gil. Psicólogo del Centro de Rehabilitación Psicosocial de Aranjuez y referente de investigación de la Línea de Rehabilitación Psicosocial de Hermanas Hospitalarias. Profesor del Máster Universitario en Rehabilitación Psicosocial en Salud Mental Comunitaria de la Universitat Jaume I. Introduccción: El término «medida» en rehabilitación psicosocial En las últimas jornadas del Creap «Construyendo puentes hacia la recuperación. Desde la rehabilitación psicosocial en salud mental» se escuchó de forma repetida la palabra bien conocida desde nuestra experiencia científico-profesional. La palabra era «medida». Palabra, a su vez, tan cercana a la realidad de la rehabilitación psicosocial como alejada de la misma que alarma y asusta, hasta convertirse en un tabú. Una explicación sosegada a este efecto puede deberse a creer que la medida es independiente de nuestro conocimiento. Es decir, es como si imputáramos la verdad a la medida y no a nuestro conocimiento. Además, en un mundo de datos como el actual, existe la falsa creencia de que la respuesta a nuestros problemas vendrá de estos. Cuando se oye, «es un análisis basado en los datos», se suele escuchar, «¡Oooh!» Como si los datos hablaran, cuando los únicos que hablamos con esos datos somos las personas. El conocimiento, la ciencia y los datos caminan de la mano para dar respuesta a cualquier pregunta en nuestro trabajo psicosocial. El conocimiento es compartido entre muchos profesionales que a su vez hablan entre sí, se comunican y forman a otros profesionales desde un conocimiento interdisciplinar. Es un trabajo compartido entre psicólogos, psiquiatras, terapeutas ocupacionales, enfermeros, trabajadores sociales,… Búsqueda de variables Llegados a este punto, ya no hablaremos sobre cómo creemos que hay que presentar ese trabajo para poderlo compartir de forma eficiente, porque ya lo comentamos en una entrada previa sobre lo que podría ser un guión para describir un trabajo psicosocial. Llegados a este punto, nuestro cerebro causal busca explicaciones en nuestro conocimiento, el cual se fundamenta en una ciencia que ha analizado los datos, para los que una adecuada aplicación del método científico y una interpretación plausible, basada en el conocimiento, cierre el círculo. El conocimiento se transmite a la intervención mediante las publicaciones de artículos científicos, capítulos de libro o guías clínicas. Así, además de las publicaciones, nuestra propia experiencia como profesionales está ligada a ese conocimiento y al aplicar este conocimiento a nuestro trabajo buscaremos medidas que nos permitan avanzar más allá de nosotros mismos. Buscamos medidas que desde la psicometría sean variables, válidas y fiables. Variables porque sean capaces de captar diferencias entre personas, grupos o momentos en la intervención. Válidas porque miden lo que dicen medir y no otra cosa. Fiables, porque, midan lo que midan (es decir, su validez), lo deben medir bien, y ofrecer resultados parecidos bajo condiciones similares. Planteamiento de cuestiones Desde la práctica profesional, además de la medida, incorporaremos cuestiones que se plantean en el día a día a partir del contacto con el usuario, pero también desde el conocimiento adquirido durante nuestra formación, nuestra experiencia y nuestras lecturas: Exploramos en nuestro conocimiento – experiencia, conferencias, cursos, lecturas- para establecer unas premisas. Hay que estar atento a las premisas que marcan nuestro conocimiento, para que las respuestas a nuestras preguntas no sesguen intervenciones eficientes. Nos formulamos la pregunta o preguntas, los interrogantes. ¿Qué hago para ayudar al usuario a mejorar su funcionamiento/ calidad de vida/ relaciones sociales/ autonomía…? Analizamos la evidencia sobre la que saber que nuestra intervención será efectiva. Sin redundar en afirmaciones basadas en la subjetividad del profesional: «A mi me parece…», «En mi opinión…», si queremos avanzar en nuestro conocimiento o, lo más importante, el conocimiento científico del trabajo psicosocial para el bien de las personas que lo reciben. De tal manera que, el resultado de la intervención sobre la medida dará respuesta a nuestras preguntas, basándonos en unos datos que carecerán de significado sin nuestra interpretación. Conclusión En resumen, la importancia de la medida en la intervención psicosocial va más allá de ser únicamente una realidad objetivable, es también un instrumento de transmisión de conocimientos y, sobre todo, fundamentar científicamente nuestro trabajo psicosocial debería ser una obligación ética para el profesional. Es decir, tendríamos que demostrar la utilidad de nuestras intervenciones, más allá de nuestra impresión o la aquiescencia del usuario. De tal manera que, cuando los profesionales de la rehabilitación psicosocial y especialmente los principiantes piensen «¿Qué hago para saber si lo que hago funciona?» «¿Estoy trabajando bien? ¿Lo estoy haciendo bien?». Ante estas cuestiones, podremos aplicar los puntos expuestos más arriba, lo que posiblemente nos permitirá despejar parte de nuestras dudas. Sin embargo, también necesitaremos guías dirigidas a obtener «medidas» como parte de nuestro conocimiento y que permita una estimación de la «respuesta real» de su intervención psicosocial, sin miedo de que «la medida» sea simplemente un «dato vacío de contenido», dado que el conocimiento, la ciencia y los datos caminarán de la mano para dar respuesta a nuestro trabajo psicosocial. Contenido relacionado Un guion para describir cualquier intervención en Rehabilitación Psicosocial El concepto de «comunidad» en la atención comunitaria. Marcelino López Álvarez El Creap celebra las Jornadas «Construyendo puentes», por el Día Mundial de la Salud Mental 2024
viernes, 17 enero 2025 09:50
La regulación emocional como variable relevante en el Trastorno Mental Grave(TMG)
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados
Etiquetas: trastorno mental grave (tmg) , psicología , rehabilitación psicosocial , regulación emocional
Autora: Sheila Peinado Espí. Psicóloga, Mediadora Intercultural y alumna en prácticas en Gestión del Conocimiento del Creap del Máster de Psicología General Sanitario de la Universitat de València. Regulación emocional Las emociones son reacciones psicofisiológicas que tienen la misión de comunicar algo, ya que con ellas expresamos nuestras intenciones y necesidades. Además, tienen el cometido de facilitar conexiones sociales, algo sumamente necesario para la supervivencia humana. La Regulación Emocional es un proceso complejo dónde la persona modula las emociones en función de las circunstancias que le rodean. No se impiden o se evitan, sino que se trata de ser capaz de manejarlas con efectividad sin que afecten negativamente al bienestar general ni a la toma de decisiones. Estos procesos de regulación emocional, se adquieren durante el desarrollo evolutivo y se van arraigando durante todo el proceso vital. La desregulación viene dada por tener mayor vulnerabilidad ante estímulos que tienen una gran carga emocional, sin saber gestionarlos de forma adecuada. Por tanto, existe una elevada sensibilidad a estímulos emocionales, desmesuradas reacciones a estos y dificultad para retornar a la línea base. Si no sabemos expresar ni regular correctamente nuestras emociones, nos afecta directamente al bienestar y a las relaciones interpersonales que tenemos. Por ello es de vital importancia medir la capacidad de regulación emocional de las personas con Trastorno Mental Grave (TMG) y enseñar estrategias dirigidas a mejorarla, ya que no aceptar los episodios e invalidar constantemente las emociones, contribuyen al mantenimiento. La regulación emocional es una de las variables más importantes en salud mental. Cuando existe un TMG, como el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), el Trastorno Esquizotípico de la Personalidad (TEP) o el Trastorno Bipolar (TB), se hace latente la necesidad de intervenir sobre ello para disminuir la sintomatología y mejorar el bienestar psicológico de las personas. Mindfulness Dentro de las estrategias más funcionales utilizadas para la regulación emocional y el entrenamiento en habilidades, se encuentra el Mindfulness. Como es sabido, esta técnica mejora el bienestar general y reduce la sintomatología asociada a diversos trastornos. Así, hay evidencia de que el mindfulness disminuye los sentimientos de culpa, los pensamientos catastróficos, la depresión y la ansiedad. El (des) control atencional de los estímulos relevantes tiene un papel fundamental en la desregulación emocional. El entrenamiento en mindfulness ha demostrado, incluso en neuroimagen, la mejora del procesamiento de las funciones ejecutivas, ya que activa directamente diversas regiones cerebrales relacionadas con aquellas. Gracias a ello, la orientación atencional se hace más flexible y eficiente. DBT Una de las terapias más efectivas para abordar la regulación emocional, es la Terapia Dialéctico-Conductual (DBT por sus siglas en ingles). A pesar de que fue creada para tratar el TLP, ya comienza a aplicarse a diversos trastornos en los que parece mostrar buena eficacia. La DBT se centra en enseñar habilidades para: Mejorar la regulación emocional, educar en tolerancia al malestar y mejorar la toma de decisiones. Esta terapia ha demostrado ser capaz de reducir sintomatología asociada al TMG, disminuyendo, entre otros, la impulsividad, la ansiedad, la depresión y mejorando las habilidades interpersonales. La DBT tradicional se divide en dos grandes aplicaciones: La forma grupal y la individual. En la aplicación grupal se entrena a las personas en habilidades sociales, trabajando la falta de reciprocidad y apertura, flexibilidad, inhibición de la expresión y conciencia emocional y la falta de relaciones sociales. En la parte individual, se vincula lo aprendido con las necesidades específicas de la persona. De esta forma con la aplicación de la DBT se puede vincular la función comunicativa con las emociones, haciendo que la persona pueda tener conexión social y mayor bienestar psicológico. Conclusiones La regulación emocional es una variable fundamental para el bienestar general en todas las personas. Una buena gestión de las emociones previene crisis y promueve una vida saludable y satisfactoria. En personas con TMG, la mejora de estas habilidades aumenta la calidad de vida y reduce el sufrimiento emocional. Una de las principales fuentes de malestar en esta población es la inestabilidad afectiva (sentimientos de tristeza, desesperanza, culpa, soledad, etc.), que causa un desequilibrio en otras áreas de la persona. Dada la importancia de esta variable, se debe seguir trabajando para buscar la mejor forma de aprender habilidades de gestión emocional y en cómo aplicarlas correctamente. Conocemos la evidencia existente con la DBT y el entrenamiento en mindfulness, pero no podemos olvidar la importancia de que la persona sepa aplicar adecuadamente las habilidades aprendidas. Cuando una persona con TMG debe «evaluar la eficacia de las habilidades», surgen diversos obstáculos que hacen que se interpreten como no funcionales. La/el psicóloga/o tiene la posibilidad de ajustarlas y adaptarlas a las diferencias individuales de cada uno, fomentando que se entrenen y se establezcan en el abanico de habilidades de la persona y acoplarlo a sus necesidades específicas. Bibliografía Burgos, F., Díaz, C., Ruíz, R., Santed, M., (2024). Mindfulness trait an the potential mediating role of emotional regulation strategies in bipolar disorder. Anales de Psicología. Vol. 40 (2), p.171-178. Guillén, V., (2018). Standard Dialectical Behavioral Therapy for Bipolar I disorder: A case study with two year follor-up. Revista argentina de clínica psicológica. Vol. 27 (1), p.14. Sainz-Maza Fernández, A., (2022). Una introducción a la Terapia Dialéctica Conductual Radicalmente Abierta y una revisión sistemática de las evidencias y su eficacia. Apuntes de psicología. Vol. 40 (2), p. 97-107. Swales, M., (2020). Evaluación de habilidades en la Terapia Conductual Dialéctica. Revista de Toxicomanías (RET). Vol. 84, p.27.
viernes, 29 noviembre 2024 12:59
Un guion para describir cualquier intervención en Rehabilitación Psicosocial
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados
Etiquetas: trastorno mental grave (tmg) , gestión del conocimiento , rehabilitación psicosocial , divulgación
REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL | CONTENIDOS ESPECIALIZADOS Autores: Alfonso Barros Loscertales. Dpto. Psicología Básica, Clínica y Psicobiología. Universitat Jaume I. María Ángeles Ruipérez Rodríguez. Creadora del Máster Universitario en Rehabilitación Psicosocial en Salud Mental Comunitaria de la Universitat Jaume I. Actualmente jubilada. Introduccción Un profesional de la rehabilitación psicosocial con varios años de experiencia encuentra tedioso tener que recurrir a instrumentos, escalas y toda esa serie de medidas infernales y necesarias que utiliza la investigación. Sin embargo, como buen profesional suele recurrir a la investigación para argumentar sus respuestas y fundamentar sus experiencias, teniendo siempre presente las distintas formas en que la investigación se manifiesta: artículos científicos, metanálisis, revisiones sistemáticas y revisiones de expertos, entre otras. Asimismo, como profesionales de la rehabilitación les guía el principio de diseñar estrategias empíricamente validadas que no estén al albur de decisiones políticas, sino de disponer de intervenciones científicas/profesionales como expertos competentes de la rehabilitación psicosocial. La situación es bien distinta para una persona en formación en el ámbito de la rehabilitación psicosocial. Esta persona iniciática requiere de un mapa de ruta para encauzar su ejercicio profesional. Y son dichas situaciones de ingreso en la profesión, las que nos han llevado a presentar nuestras reflexiones en forma de planteamiento general o guion. El guión en rehabilitación psicosocial Para comenzar, reflexionemos sobre las falsas creencias que inundan nuestra sociedad en relación a la investigación. Una de ellas es pensar que todas las personas estamos dotados de un pensamiento científico, pero esto no es así. Nuestra capacidad de pensar de lo general a lo específico o viceversa (pensamiento inductivo o deductivo), dista mucho de ser sistemática, entre otras cosas y, en consecuencia, dista mucho de ser científica. Sin embargo, la experiencia de años en la formación de profesionales de la rehabilitación psicosocial nos ha enseñado que se da un guion general en el planteamiento inicial de cualquier trabajo investigador o de intervención, ya sea en forma de proyecto de investigación o de programa individualizado de atención. El guion general incluye una introducción, unos objetivos, una intervención y una evaluación, aspectos bien conocidos e incorporados en el guion de cualquiera de los trabajos propuestos. La implantación del guion Desde nuestro punto de vista, si la dificultad del guion de un trabajo en rehabilitación psicosocial no está en su estructura, nosotros consideramos que radica en su implementación de forma coordinada. Esto es, todo debe de estar ligado, relacionado: La introducción nos debe llevar a los objetivos que nos planteamos; los objetivos deben ser atendidos por nuestra intervención; y la evaluación debe responder a los objetivos de forma contingente a la intervención. Esto que teóricamente puede parecer sencillo, en la práctica la realidad puede ser otra. La introducción debe orientarse directamente a los objetivos e informarnos de qué evidencia partimos para plantearlos. Sin embargo, suele ser el caso, que los objetivos y la intervención son planteados dando un rodeo o una introducción innecesaria. Por ejemplo, un error muy común es comenzar explicando el concepto de salud mental según la OMS , como si todavía fuera necesario recordarlo (o es un indicador de nuestra inseguridad en lo que es la salud mental). Superado este equívoco, la introducción debe definir aquellos aspectos más concretos y relevantes de nuestra intervención para contextualizar el problema y cómo vamos a abordarlo según la evidencia previa. Los objetivos deberán presentarse como obvios tras la lectura de la introducción. Estos estarán relacionados con la intervención y las medidas que vamos a utilizar durante la evaluación. Los objetivos se plasmarán siempre por escrito. Un error típico es plantear objetivos platónicos o utópicos que poco tienen que ver con lo que estamos trabajando, lo cual está abundando en otro error con los objetivos y es que estos se queden en una ‘mera conversación’. Y las palabras se las lleva el viento y la memoria humana es reconstructiva. Sería como creer que, si estamos hablando de caballos, todos tenemos el mismo caballo en mente. La evaluación debe ser válida y fiable, es decir, debe medir lo que queremos medir y de forma precisa. De tal manera que la fiabilidad y la validez partan de la investigación y del contraste con el trabajo cotidiano. Los datos no lo dicen todo y deben tenerse en cuenta atendiendo a nuestra capacidad de observación y razonamiento. Comentemos un equívoco habitual: medir la calidad de vida con las medidas más extendidas en el ámbito, sin detenernos a pensar si queremos ver un cambio en una medida objetiva o subjetiva de la calidad de vida. La intervención debe ser probada, aunque la vamos a adaptar a nuestro centro, grupo o persona individual. La intervención debe ser contingente con el contexto en el que se va a aplicar. Un error muy típico es plantear una intervención novedosa para tratar un antiguo problema sin plantearse el por qué. Tendemos a lo novedoso, sin demostrar por qué desechamos lo anterior, lo que puede dar a entender la falta de validez de lo anterior, sin que así sea. Recordemos. Lo nuevo no es siempre lo mejor, sino lo atingente. Conclusión Por último, no debemos destruir nuestro trabajo al final, poniéndonos románticos y echando mano de discursos teóricos de otros momentos del desarrollo de la investigación en rehabilitación psicosocial. Hasta el punto de incorporar, debatir y concluir sobre unos resultados de nuestro trabajo que nunca fueron introducidos, objetivados, intervenidos y evaluados. Partiendo de nuestra experiencia de dirigir y evaluar trabajos de investigación o intervención, es muy típico querer concluir lo que no estamos viendo y, después de un trabajo bien hecho, tirar al traste la introducción, los objetivos, la intervención y la evaluación diciendo con frases del tipo: “Yo pienso…”, “Pudiera ser…”..., lo cual debe ser superado en un trabajo científico. Y dejar estas formulaciones para un párrafo existente en todos los trabajos y abierto a la especulación, pero sólo un párrafo. Porque la conclusión debe describir simple y llanamente la realidad de la consecución de los objetivos a través de la intervención según lo que refleja la evaluación, como principio para la acumulación del conocimiento. P.D. Y por supuesto, pudiera ser que observemos que los objetivos se han conseguido en mayor o menor medida, por lo que quizá nos hayamos equivocado en las medidas y la intervención haya funcionado. En ese caso tampoco vale el “Yo pienso…”, “Pudiera ser…”. Deberemos buscar medidas más adecuadas o cambiar lo que haya podido faltar siguiendo un procedimiento sistemático: seguir de verdad el guion general de la investigación e intervención basada en la investigación científica y nuestra profesionalidad. Al principio puede parecer pesado, pero apostamos que a la larga le ahorrará trabajo y mejorará el funcionamiento del ejercicio multidisciplinar.
miércoles, 27 noviembre 2024 08:48
La concepción de «Envejecimiento Saludable» en personas con Trastorno Mental Grave (TMG)
Categorías: Artículos Científicos , Contenidos especializados
Etiquetas: trastorno mental grave (tmg) , investigación , enfermedad mental , salud comunitaria , hábitos saludables , bienestar , autonomía
Autora: Sheila Peinado Espí. Psicóloga, Mediadora Intercultural y alumna en prácticas en Gestión del Conocimiento del Creap del Máster de Psicología General Sanitario de la Universitat de València. Introducción La población de personas mayores de 65 años está creciendo cada vez más en todo el mundo, por lo que es de vital importancia investigar el envejecimiento de personas con Trastorno Mental Grave (TMG). El envejecimiento es un proceso natural y continuo, que lleva consigo diversas transformaciones a lo largo del curso vital, por lo que es inevitable no envejecer. La literatura científica ha tratado de encontrar estrategias que puedan seguirse a lo largo de la vida, para alcanzar un proceso de vejez saludable. Estas intervenciones y prevenciones sociales en la población envejecida están dirigidas a tener un envejecimiento activo y saludable, a través de la mejora de diversos ámbitos de la vida, como, por ejemplo: fomentar la salud mental en la adultez tardía, prevenir la soledad no deseada o realizar ejercicio con normalidad. Pero ¿qué ocurre con aquellas personas que tienen TMG y envejecen? Las personas con TMG tienen menor expectativa de vida que la población general, debido mayormente a enfermedades físicas prevenibles. En el desarrollo de TMG intervienen múltiples factores, siendo los más importantes los biológicos (por ejemplo, la predisposición genética), los psicológicos (por ejemplo, la personalidad) y los sociales (por ejemplo, consumo de drogas). Todas las intervenciones deben ir dirigidas en este sentido, realizando una rehabilitación psicosocial individualizada e intervenir en las áreas que la persona tenga más afectadas. También se encuentran con otras dificultades como el acceso limitado a la atención médica, la estigmatización o hábitos menos saludables. Estos factores hacen que sea relevante integrar la atención médica y la salud mental, para poder mejorar la calidad de vida y en consecuencia disminuir la tasa de mortalidad precoz. Necesidades psicosociales A todas las dificultades a las que se enfrentan, se le suma la escasez de estudios referidos a las necesidades específicas de las personas con TMG que envejecen. Dada la carencia de investigación centrada en este ámbito, existen pocos instrumentos validados que recojan el riesgo psicosocial asociado al envejecimiento. En 2010, se realizó una escala sobre cómo pueden ser una amenaza al envejecimiento saludable aquellas necesidades no cubiertas. Por lo que se cuenta con 40 necesidades psicosociales a evaluar en personas con TMG, resumidas en: recursos económicos, medicación, acceso a la vivienda, intervención en salud mental y atención primaria, entorno familiar, autonomía personal, hábitos saludables, ocupación y ámbito social. Si las necesidades están cubiertas, influyen de forma positiva en el progreso del TMG. Se conoce la importancia absoluta que tienen el ámbito social y familiar, ya que ambos median en la modulación de genes y en la evolución favorable de Trastornos Mentales crónicos. Por ello, ante los eventos o cambios vitales suponen un gran factor de protección y, por tanto, un indicador de envejecimiento saludable. Conclusión Una de cada cuatro personas tiene alguna enfermedad mental a lo largo de su vida y suponen un 40% de las enfermedades crónicas. Por lo que queda explícita la relevancia sobre la necesidad de dirigir intervenciones hacia la población que envejece con TMG. Aun sabiendo la importancia que tiene el estudio de pautas específicas para fomentar una vida saludable, diversos autores señalan la poca iniciativa que hay disponible para encontrar estrategias de prevención e intervención a largo plazo enfocadas en un envejecimiento saludable para personas con TMG. Se tiene la capacidad, por tanto, de detectar las carencias que puede tener una persona con TMG, pero actualmente son pocas las posibilidades de intervenir sobre ellas en el envejecimiento. En esta misma línea los profesionales podemos empezar tomando conciencia de que las nuevas formas de estigmatizar o de prácticas coercitivas han adoptado nuevas formas más sutiles, pero que al igual que las antiguas pueden ser condescendientes, permisivas o sobreprotectoras, dificultando así el desarrollo de la autonomía en los adultos mayores con TMG. La toma de conciencia de la necesidad de apoyos adicionales en el proceso de envejecimiento se torna así en una valiosa perspectiva mediadora en el desarrollo vital de las personas con TMG de cara a su envejecimiento saludable. Por otro lado, pese a que existen múltiples recursos sociosanitarios dirigidos a la salud mental y la rehabilitación psicosocial como son: Unidades de Salud Mental, Hospitalización Psiquiátrica y Domiciliarias; Centros de día; Centros de Rehabilitación e Integración Social (CRIS); Viviendas tuteladas, etc. Así como otros recursos más específicos dirigidos a la integración laboral o social, todavía queda pendiente el desarrollo mayoritario de recursos especializados en envejecimiento saludable para personas con TMG. Este es el último eslabón para que las personas usuarias puedan aprender diversas habilidades para la toma de decisiones autónoma en este periodo vital, abriendo la puerta a más investigación a largo plazo y consiguiendo evidencia para programas específicos de envejecimiento saludable en personas con TMG. Referencias bibliográficas Cancino, M., Terán-Mendoza, O., & Medina-Valdebenito, D. (2024). Malestar psicológico y envejecimiento: Análisis psicométrico del DASS-21 y relaciones estructurales con calidad de sueño y apoyo social.: Malestar psicológico y envejecimiento. Anuario de Psicología/The UB Journal of Psychology, 54(1). Domingo, T. G. (2024). Reto Mundial: Decenio del Envejecimiento Saludable 2021-2030. Análisis y Modificación de Conducta, 50(182), 3-19. Ramírez, F. B., Misol, R. C., Bentata, L. C., Alonso, M. D. C. F., Campayo, J. G., Franco, C. M., & García, J. L. T. (2016). Recomendaciones para la prevención de los trastornos de la salud mental en atención primaria. Atención Primaria, 48(Suppl 1), 77. Vargas, M. L., Quintanilla, P., Lozano, Á., & Sendra-Gutiérrez, J. M. (2013). Riesgo psicosocial asociado al envejecimiento en el trastorno mental grave: validación y baremación de la Escala de Riesgo Psicosocial Feafes Castilla y León (ERP). Rehabilitación Psicosocial, 10(1), 3-10. Vargas M, Quintanilla P, Vega B, Lozano A. Escala de Riesgo Psicosocial Feafes Castilla y León (ERP): procedimiento de construcción mediante metodología cualitativa y presentación de la escala. Norte de salud mental. 2010;8(38):26-35.
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